Blog

Categorías

Calendario

     Octubre 2005  >>
LMMiJVSD
          1 2
3 4 5 6 7 8 9
10 11 12 13 14 15 16
17 18 19 20 21 22 23
24 25 26 27 28 29 30
31       

Archivos

Sindicación

Apúntate

Caja de Pandora.

El ojo público. Interaction´s news.

La Cultura Partera Jesús Ricart

15 de Octubre, 2005, 1:37

Por @ 15 de Octubre, 2005, 1:37 en Biblioselección

El parto de la cultura o la agonía de la religión[1]  de Jorge Ma Rivero San José es un libro muy capitulado que  queda por debajo del título que lo encabeza.  Si las oraciones con un o como disyuntiva en medio tienen el atractivo y el valor de hacer una valoración  entre dos o más opciones se convierten en una bravuconada cuando las razones aducidas para el tal dilema presentado no pasan de enunciados ambiguos cuando no confusos. La confusión viene dada no tanto por el estilo expositivo, de hecho, muy esquemático y sencillo (el libro no pide más de 90 minutos de atención) sino por un  sistema  conjuntivo de los 12 primeros capítulos, dedicados presuntamente a la conceptualización. Estos empiezan todos por cultura y..  donde se hacen desfilar distintos temas: proselitismo, democracia, estado, sexo economía, ecología, violencia, religiosidad, salud y moral.

 La contraposición de antes del título queda confundida por las uniones del capitulado, como si de áreas distintas se tratara. La cultura se expresa en todo esto: en lo sexual, en lo político, también en lo religioso. Y a nuestro pesar, la cultura no es solo una, sino múltivariada. Lo culto es lo tradicional, el modo de expresión de los pueblos, lo cual incluye atrocidades y hábitos contrapuestos desde civilizaciones distintas. El autor presenta dudas sobre el valor en si mismo de la cultura minoritaria por generar animadversión.

No comprende lo que califica de “lenguaje alambicado e ininteligible” de una cierta intelectualidad. Otorga a lo cultural el rol de formar y de informar. Considera que el materialismo y la cultura son antitéticos sin aún definir suficientemente lo uno y lo otro. En todo momento da la sensación que Rivero San José tiene para si mismo muy claro el tipo de cultura en la que piensa, en todo caso la suya, sin expresarla netamente con la transparencia que pide para otros. La cultura no elimina todo aquello que resulta superfluo o estéril, sino que a menudo la cultura es la plataforma sobre la que descansa  un sin fin de artificios con los que entretener superficialmente la existencia, Me temo que para Rivero puede más el  significante de la cultura que el análisis de su verdad social. Se las arregla para citar a Dios, ¿cómo no? y diferenciar entre el amor a lo divino (que me atrevo a llamar teofília)y el sometimiento a la divinidad amada..

Entiende por difusión (de las buenas ideas, por supuesto)como único medio para acelerar el proceso histórico. Esta noción tiene remembranzas del tiempo en que lo revolucionario era concebido como una simple aceleración de la evolución que de todas maneras iba a suceder. Pero ese propagandismo lo separada del proselitismo. Le traslado al autor  esta pregunta: ¿cómo defender una idea o argumento sin pretender instintualmente convencer del mismo y por consiguiente conseguir un adepto para su causa en la persona convencida? No se trata de un proceso orgánico y ni siquiera intencional. La adhesión y propagación de una idea viene dada con la persuasión argumental. La idea de proselitismo es mas orgánica y militante, pero la adopción de ideas está mas interiorizada en la estructura del pensamiento y en las dinámicas de razonamiento. Vale la pena recoger la parte de su crítica al proselitismo en aquello que hace referencia a la renuncia de otros principios para la asunción de unos nuevos. El texto de  Rivera rezuma,  en conjunto, un simulacro del debate estanco de la década de los 70 sobre estos temas sin ninguna originalidad especial digna de mención.

Aunque piensa que nada surge por generación espontánea, como frase predicha o hecha, la cuestión es que no hay reflexión alguna sobre el fenómeno de la espontaneidad como concantenación de factores sutiles. Conviene decir que el impacto de las ideas más que por pretensión directa en la divulgación de una consigna está por la consecuencia derivada de a penetración ténue de conceptos y criterios.

Una de sus tesis principales es que una parte importante de la sociedad ha agotado las vías religiosas y se encuentra sin mensaje.  Influenciado por los ecos del obrerismo cristiano, redefine la cultura como una condición de máxima vastedad que incluye vestir un mono o haber pasado por trabajos serviles.

Tiene un interesante punto de vista a favor de la admisibilidad de las diferencias económicas, pero se resiste a los factores de prohibición que le impidan a una persona ser al máximo ella misma. Sabe que la posibilidad de crear está encerrada en todo sujeto aunque en la práctica sea privilegio de unos especialistas. Como síntesis habla del acceso a la cultura como un desasimiento a los bienes materiales una de las condiciones para el hundimiento del consumismo. La sociedad culta, sostiene, es la que injuria menos a la naturaleza.

Atrapado en su propio esquema expositivo de contraposiciones, no termina de discernir las pluralidades y diferencias internas en los fenómenos culturales.

Aborda la gastronomía y se suma a la idea naturista de que muchas enfermedades tienen su origen en los excesos proteicos.

La segunda parte del libro es sobre la animación cultural y la figura del dinamizador cultural, al que inviste de una función vocacional y voluntaria. Previene contra los animadores profesionales. Ciertamente si el autor ha asistido, personalmente, una generación después a la modificación de los espacios atenísticos posiblemente habrá visto que la cultura forma parte de los campos de negocios como cualquier otra cantera de productos.

Siguiendo su línea idealista ve en el animador y en el artista dos versiones de obreros de la cultura que deben y pueden imbricarse.

Este autor, en este libro inflado de numero de páginas para lo poco que contiene, tiene un interés casi paleontológico para tomarle el pulso a un tipo de mentalidad subyacente en los años postfranquistas. Su excesivo idealismo no le impidió hacer una propuesta para la constitución de un ministerio de cultura (que el querría que fuera un magisterio europeo de la cultura, como si la cultura debiera coordinarse unicentralizadamente,) en el gobierno de Arias Navarro. Como slogan deja la idea clara de que la política tiene que estar al servicio de la cultura y no al revés.



[1] Jorge Ma RIVERO SAN JOSE  a El Parto de la cultura o la agonia de la Religion, Eds de Cámara Madrid 1977.

Blog alojado en ZoomBlog.com