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Por un periodismo de investigación crítica.
Si bien al periodismo se le aplica una noción gremial –lo mismo que a otras profesiones- sus distintas formas de ejercicio diferencian enormemente a sus profesionales según los criterios que siguen de tratar las noticias. Posiblemente un periodista se puede avergonzar de otro por el modo de comunicar y de tratar a sus noticiados; lo mismo –sea dicho de paso- que un psicólogo, ese es mi campo profesional, se puede avergonzar de otro por el modo de tratar a un síntoma y a su consultante.
A fuerza de dominar un tipo de periodismo oficialista, el publico, saturado de noticias superficialistas, termina por caer en una profunda desensbilización de aquello que se le dice por atroz que sea. Los telenoticias son catálogos de casuística sanguinaria que a fuerza de divulgarla sin análisis en lugar de concienciar robotiza a los espectadores. Cuando todo parece perdido y los automatismos informativos ocultan las verdades detrás de las imágenes, periodistas de la categoría de Jon Sistiaga ahora o de Pérez Reverte en sus infos desde los Balcanes, antes, recuerdan que hay un periodismo de investigación crítica, de crítica franca y no con la cámara escondida en el bolso, capaces de jugarse la vida para que los seguidores de sus temas planteados tengamos visiones más realistas de los demonios de cada conflicto.
La pregunta es ¿por qué los medios no prodigan más este tipo de periodismo crítico en lugar de los catálogos diarios de atrocidades?
La sociedad necesita los datos para cualquier cosa. Se nos pone al corriente de los números de atentados, de bombas explotadas, de muertos contables, de asesinatos domésticos, de guerras en curso, de accidentes en carretera y de tantas otras cosas. Sin duda el hecho numérico es un factor de impacto, pero no sirve de mucho sino se explica lo que lo produce. Ponerse del lado del enemigo (¿alguien duda que los USA es el enemigo público numero uno a escala internacional?) y convivir en sus formas de control poblacional tal como ha hecho Sistiaga (con un valor fuera de lo común, el del periodista, no el de los soldados superarmados)y hurgarlo en sus contradicciones solo merece el elogio y la propuesta como modelo a seguir, no por lo que hace en los frentes de guerras repartidas por el planeta si no por lo que hace a cualquier tipo de conflicto humano.
Este tipo de periodismo propicia la reflexión, el debate con efectos, incluso, espero, para los propios protagonistas que van con sus miserias psíquicas de soldaditos de plomo a vengarse aunque no sepan porque pero ¡eso sí! obedeciendo órdenes y muriendo, si es preciso, por la Casablanca. La sede del autentico enemigo, según uno de los grafitis anónimos de alguno de estos soldados que, aunque tarde, revela una luz de conciencia.
La tribu periodista que va a jugarse la cara y el cuerpo que se mueven por las zonas de fuego real tiene mucho que enseñar al mundo si muestra lo más oculto de las fuerzas invasoras manu militari aunque eso les pueda suponer ser non grata para los poderes políticos de uno y otro bando.
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