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17 de Diciembre, 2007

El Sanador

17 de Diciembre, 2007, 9:50

Por @ 17 de Diciembre, 2007, 9:50 en Notas de Campo

 

Se nos presentó, muy convencido él, como maestro de la sanación y de la espiritualidad. Sin bola de cristal pero sí con un petate lleno de piedras si no preciosas sí mágicas, con las que curaba cualquier cosa que le presentaran. En su tarjeta de presentación afirmaba ser un diagnosticador digital espiritual y un  alumno de los antiguos maestros esenios. Nos quedamos patidifusos pero dejamos que siguiera con su speech. No hay nada más goloso que tropezar con un iluminado. Para verificar lo que decía era necesario ponerlo en acción. Cualquiera de nosotros tenía un achaque u otro, articulaciones chirriantes, jaquecas, dolores musculares o estenosis de uréteres. Presentado el panorama sintomático eludió su puesta en acción aludiendo que sus manos decidían por cuenta propia y que su voluntad no podía hacer nada. Era un canal de las energías universales. Esperamos a que los seres superiores le cargaran las baterías para que se pusiera manos a la obra. Despues de un rato que a algunos les pareció excesivamente largo hizo las consabidas imposiciones aquí y allá. Sus pases magnéticos dejaban chispitas en el aire según los más visionarios de nosotros pudieron advertir. Uno tras otro fuimos pasando por su influjo pasándonos del abatimiento a la alegría, de la modorra a la ilusión, de ser residentes de cuerpos cansinos a rejuvenecernos impetuosamente.

No, todo eso lo has soñado,- me dijo uno de nosotros-. El sanador no sanó a nadie, se limitó a enjabonarse con sus autobombos y a dejarnos pasmados con el relato de toda su milagrería, aunque con nosotros no atenuó ninguno de nuestros dolores.

-Pero hay sanadores legítimos –repuse- Se sabe que hay gente que tiene un poder sobrenatural con sus manos y aunque no sepa porque alivia dolores y cura enfermos.

Estuvimos hablando hasta tarde. Unos dijeron que no, otros que sí. El sanador era nuestro invitado y no participó en la polémica. El era el sanador y no necesitaba demostrar nada. Me puse en su lugar: el oficio de hacer de mesías debe ser de los más duros. Además, no tiene porque tener su sintonía celeste siempre a punto.

Él se fue con su rollo a otra parte y nosotros nos quedamos con nuestros dolores crónicos, y es que una mejora puntual tampoco frenaba el proceso de vejez y el camino seguro a la extinción.

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