El inquilino cubano

Por Noé Cástor - 8 de Agosto, 2008, 2:08, Categoría: Notas de Campo

José Ramón García vino del lejano Holguín a hacer un posgrado en la reputada Universidad Autónoma metropolitana, según avistamientos latinos.Un programa doctoral para su cubana patria sería hipervalorado.Eso le llevó a alquilar una pieza en  el apartamento que yo tenía para eso. Vino engañado de una agencia de mediadores que por la información le cobró 150 dólares y yo le dejé la habitación por un 20% menos de lo previsto para ajustarme a la información equivocada. Lo agasajé e invité y pronto descubrí que  era un fidelista con el que no me iba a poner de acuerdo en los debates políticos. su modo de interpretar historia y realidad cubana no me llamaron la atención lo suficiente como para indagar más informaciones. aún así, traté de instarlo a que colaborara en tanto que periodista de profesión y locutor de radio para proyectos de innovación. Admitió algunos textos pero no se comprometió en ningún asunto. Eso sí participó en un buen número de tertulias de las que yo hacía de alma mater para ayudarle en sus relaciones personales y para que acabara de aterrizar en la cultura local. Y lo hice contraviniendo mi criterio de no mezclar inquilinos en otras áreas de relación.Su tendencia a monologar no lo hacían muy apreciable y sus tics reverenciales de cultura sureña tampoco.

Pasados los 4 meses de pacto para el uso del alquiler en las condiciones tratadas, optó por irse ya que se le hacía muy pequeña  la habitación. Fue cortés y correcto en todo momento y aunque no aportó ningún contenido especial a la relación,cumplió con lo acordado, que en una relación de inquilino-casero eso ya es mucho. Simplemente se demoró en 6 días en dejar la pieza según el día acordado. en el período de estancia  no escapó a la nómina de sujetos sucios de tan considerable tradición. La verdad es que usar el wc o la cocina era un asunto de riesgo sanitario y él no dejó las cosas mejor de lo que estaban,aunque tampoco las empeoró. En lo esencial no hubo queja de su  paso y  presencia salvo por una costumbre arraiga a consumir lámparas sin usarlas y tener el aparato de tuve continuamente en marcha.se ajustaba al perfil de otros marinos solitarios que a falta de relaciones creativas, se sumergía en  la pantalla estimulativa como su salvavidas cotidiano. como digo no desarrollamos grandes conversaciones salvo algunas en los que entendí demasiado categórico en sus postulados. Tales como “la informática no necesita  enseñanza, basta abrir un programa y lo descubres todo enseguida por ti mismo” o “la publicidad obliga a la gente a consumir”, además de referidos sobre la política cubanista. Un cubano en toda regla, posiblemente contentado con  el programa aprendido en la facultad de comunicación costeado por algún ministerio. No sé si como becado se sintió satisfecho.Como inquilino sería otro nombre a olvidar pronto y con alguna anecdótica para aumentar la galería de los desgraciados, como la de aquel día en que se le ocurrió meter una bandeja con aceite dentro del horno y casi provoca un incendio,u otros días, en los que la comida quemada invadió edificio y taponara fosas nasales. Con el otro huésped mantuvo la cordialidad del acento y las distancias aconsejadas.Finalmente se fue recibiendo su parte proporcional de la fianza.solo una semana y media después pude averiguar que  no falto a la cita con los miserables, al dejar  restos  de ascos.Las sábanas usadas  sin sacar de la cama y restos de comida en  platos y ollas.Si Joseramón dejaba su sombra así ¿qué no harían los otros que le sucederían? A estas alturas yo ya no me preocupaba de dejar lo común en condiciones para los siguientes, puesto que no por eso dejarían de deteriorarlo. Lo más práctico era ajustar el precio en función de la carga de limpieza que heredaban al  contratar el espacio.De Joseramon me quedé con la dirección de Holguín,pero difícilmente me acordaría de él para visitarlo. A partir de una cierta saturación de personal es difícil que alguien deje suficiente huella como para preocuparse por lo que continua haciendo o a dejado de hacerlo. El esta en la lista de los cordiales para brindarle idem en caso de coincidencia pero no para buscarlo por alguna necesidad. El que hacía ostentación de corrección y  orden  no era  precisamente un gentleman en cuestiones domésticas.Más bien un papanatas, al que por cierto le salía muy bien el cocido de pollo con patatas: imágen esta de mejor recuerdo que cualquier otra.

 

 

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