Ya por teléfono mostró una amplia base decisoria.Llamó varias veces y finalmente acabó por convencerse que la oferta de precio era interesante. Interrogó sobre si podían ser dos compartiendo la habitación y afirmé que sí conviniendo una cantidad baja con ellos.A su llegada hice las preguntas de rigor sobre si tenían medios económicos tanto él y como su compañero(Andrés) y profesión mas o menos asegurada. Respondieron afirmativamente. Ambos, procedentes de Uruguay llevaban poco tiempo en el país y habían pasado una breve temporada en Blanes.Su objetivo era instalarse en Barcelona, y Dance Royal los aproximaba pero intuí su poco interés por quedarse mucho. tras una primera paga típica, desglosada en una mensualidad más un depósito, a partir de la segunda ya hubieron solicitudes de pagos demorados y reducción de depósito dadas sus dificultades financieras. Por lo que pude ver, durante las primeras semanas permanecía hasta muy tarde en el dormitorio y no seguía horario laboral alguno.Ser engañado al respecto del punto de una fuente de ingresos asegurada, no me creó mayor indignación partiendo de la base de que la práctica de la falsedad es una de las más extendidas. No obstante me preocupaba su ritmo excesivamente doméstico que se prolongaba hasta tarde en la habitación,llenándola de humo y por tener la puerta abierta enviándolo al resto del apartamento.El tema tabaco fue uno de los caballos de batalla.No ha sido en la única situación.Y por supuesto la condición de meter el humo -de meterlo en alguna parte- de puertas para dentro y no contaminar de mal olor el resto de las dependencias e invadir la cavidad de los pulmones ajenos,es una de las condiciones sinequanom mas claras que establezco para dar un habitación. El chico asentía con la cabeza y con unas emisiones guturales a modo de acuse de recibo sin oirle jamás pronunciar un sí claro.Bajo su guturalidad metía todo lo que podía su atribuible caradura. Con poco más de veinte años de edad, no obstante había crecido lo suficiente como para parecer contar con el doble y cuando al fin consiguió un trabajo diario a través de un contacto inmobiliario,como contactador de apartamentos en venta o como promotor inmobiliario, se transformó en un señor igualmente guturual pero camuflado por una presencia de trajeado. Inexplicablemente su compañero y al parecer muy amigo, le hacía costado, a pesar de su diferencia de edad y su mejor calidad y calidez humana. Las idas y venidas al centro de lo gran urbano y la falta de dineros suficientes acabaron por que Andrés pensara en otro sitio y que el Gutural regresara a su país para unas tramitaciones documentales con el interés de volver y reincorporarse a su trabajo de promotor.Le aseguré que para la vuelta,de volver, no lo admitiría sino era capaz de cumplir la condición de no fumar en los espacios comunitarios como la cocina. Algo que admitía a nivel de un pitillo o dos después de las comidas, pero no veinte o más,cuando se aglutinaban en el pequeño espacio con el tablero de ajedrez y el mate,él,Andrés y Monchi que le había venido como anillo al dedo la caída de una peña, que convertía el apartamento en una taberna, a él tan patoso y periclitado para irse a buscar la vida de relación fuera de casa.
Invariablemente cualquier amonestación a Gutural le correspondía sus asentimientos de primate, aunque alguna vez negara evidencias en una práctica ordinaria de negar la responsabilidad de pequeños destrozos fruto de un no darse cuenta. Cuando al poco tiempo de haber llegado al fin se fue de mañana temprano sin haberlo visto, cumplió con el rigor formal de la devolución de las llaves y no se llevó nada que no fuera suyo. Durante el tiempo que estuvo recibió bastantes llamadas de familiares y amiga dejados en su país y en una especie de clandestinidad muy metida en sus fascias y su fonalidad hablaba largos ratos sin que se le pudiera entender nada, aunque obviamente a mí no me interesara en lo más mínimo lo que pudiera decir.Así mismo si alguna vez llamaba y tomaba yo el teléfono preguntando por Andrés,tenía enormes dificultades para entenderle dada su baja vocalización. Con todo, su convicción de que los comienzos de todo inmigrado son duros le llevaron a compartir una habitación por un precio que sería de los más rentables, aparentemente, aunque los costes de luz generados fueran los más altos.Su paso y su ida quedaron para poca reseña y recuerdo.