Microobjetos acumulados

Por Noé Cándor - 20 de Agosto, 2009, 13:25, Categoría: Notas de Campo

Descriptor de un real ante microobjetos acumulados

A mi alrededor cajas de papeles. Es mi sino. He de empezar a ordenar: me lo dije un siglo atrás. Aunque el orden mejor es el más expeditivo: acabar con todo pasándolo por el rito del fuego. Por ahora no lo hago y respeto lo vigente. O mejor: permito que lo vigente siga vivo. Tomo uno de los fardos q que parece fácil, una caja de cartón  que en otrora había guardado unos zapatos. La forré con etiquetas adhesivas y está llena, además de notas y papeles de pequeños objetos no sé si  inmundos o pasables. Del tamaño de un ladrillo ésta caja puede contener un pequeño gran universo. Veamos: una hoja de papel con 28 cuadrados, la mitad oscurecidos con rallas de bolígrafo. En alguna ocasión a falta de tablero de ajedrez improvisaría uno así. Puedo desprenderme de él, lo tiro a la papelera. Siguiente elemento: un recorte de la Veu del Carrer (bonito título para un periódico)  con las direcciones de de las asociaciones de veïns de Barcelona. Sigo: una tarjeta de una empresa de maderas que digitalizo para  recursos; un volante de propaganda de otra de distribución de mail local, capturo  igualmente el dato. Otro volante de Natural exprés. Con servicio vegetariano a domicilio que no tomo datos porque cerró el local. Unas gomas elásticas de las empleadas como tirachinas, llaman mi atención. Las reúno y guardo en el cajón del escritorio, aproximadamente cerca de donde deben de ir. Prosigo y me encuentro con un cromo de álbumes de Aguilera, un jugador del atlético de Madrid. Ya no los hacen como los de antes, ahora son plastificados y adhesivos. Separo el protector y lo utilizo como refuerzo del forro en un canto de la caja de zapatos. Me sigo perdiendo en cada uno de los detalles. Antes de darme cuenta estoy sumergido en un pequeño gran almacén. Yo soy una miniatura frente al centenar largo de papelitos y cositas. ¿Por qué los habré guardado en su momento? Ah sí, ya recuerdo. Lo hice con la intención de no desprenderme de datos que tal vez pudieran ser útiles. Sí, sí, direcciones y más direcciones, eh aquí la fábula de todo sujeto cívico que se precie de su recursividad, sus informaciones y sus contactos. ¿Qué es un ser asociado sino un tipo con relaciones? Eso es, cuantas más mejor. Pero uno no es lo que son los demás o no puede ser tenido en cuenta como portal de acceso a los demás, porque si sólo es eso, es un simple puente. No es nadie. Es lo mismo que la chica fea  que es seducida para  que facilite la amistad con sus amigas guapas. ¿En qué queda la relación auténtica? Es un montoncito de ceniza sin ningún valor. Pero yo quise pensar que en realidad  los almacenajes de datos eran recursos intelectuales reservados que podrían ser útiles en caso de emergencia. No tanto por contactos con terceros, como por contactos con ideas. ¿Ideas para escribir?, ¿para reinventar personajes?, ¿para incorporarlas a la propia fraseología? ¿Para impactar con ocurrencias a otros? ¿Para  saber más?  Lo real no pasa por lo sabido sino por su opuesto: lo que no se sabe. La realidad es el fantasma que te persigue y cuando lo buscas bajo su sábana te das cuenta que no guarda nada, pero que sin embargo te seguirá atemorizando en la siguiente secuencia de sombras. Todo grupo de cosas guardadas en un cajón de sastre o como es el caso en esta caja de cartón, es un test proyectivo representado por una colección tácita, que se va haciendo espontáneamente. Es el fruto de no querer desprenderse de aquello que puede ser importante pero que no hay tiempo para evaluarlo y que va de la sobremesa del escritorio a ese rincón donde puede pasar meses o años. Luego tras su rescate en una mezcla de papeles  escritos, entradas de teatro, notas adhesivas, monedas, chinchetas, clips, grafos, un biconector de cable telefónico, un cepillador para el teclado, una nota escrita con una dirección, un tubo de cola, un diskette 3,5 sin etiqueta y varias invitaciones de varios tipos, te das cuenta de un retazo biográfico que te transporta a escenas pasadas.

Sulillevado por la corsetería triumph  de blancos de pureza de una hoja impresa de publicidad recortada no recordando porqué razón el sujeto realista se seca con el ambiente calefaccionado tras su sumergimiento por unos supuestos datos que no lo son, salvo uno, el de que sólo a él se le ocurre guardar esa micro-realidad, tal vez con el ánimo de inspirar cualquier descripción perfectamente innecesaria. Como ésta. ¿Y todo esto es real? No lo es claro salvo porque  me ha ocupado un  rato de ordenador. Ah, la caja. La caja la he tirado y también aquello que no servía para despacho o para colecciones.



[1] De haber hecho una pintura con éste relato,su título habría sido: Un encrucijado ante su billón de datos.

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