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El ojo público. Interaction´s news.

Biblioselección

Comentario crítico de literatura y ensayo. Propuestas biblioterapéuticas. Recensiones de autores y discursos.

Libros en la Basura.

10 de Mayo, 2006, 16:44

Por @ 10 de Mayo, 2006, 16:44 en Biblioselección

 

En la avda Tarradellas de Barcelona  bajando hacía la Estacion de Sants casi llegando al final, de noche y terminado el horario comercial,  me cruzo con un hombre que viene con una media docena de libros gruesos en sus manos consultándolos como si los hubiera conseguido en aquel momento. Supongo que acaba de encontrárselos. Efectivamente, unas decenas de metros más allá veo una bolsa de la basura rota junto a un container que contiene todavía más libros y cuadernos de Quino de Mafalda. También hay un despertador eléctrico con cable. Lo recojo todo y me hago con otra bolsa en mejor estado para poder cargarlos hasta el tren. Mientras me hago con el  alijo empieza mi reflexión sobre el sentido de tirar objetos de este tipo en perfecto estado a la basura en un lugar residencial donde se supone un cierto nivel de cultura. Me pregunto que hay dentro del cerebro del individuo que los ha tirado. ¿Se trata de un ser humano? Sé que las viudas y los herederos se deshacen de fortunas en libros de sus maridos o padres porque no saben apreciar el valor de sus colecciones. Cabe suponer otra hipótesis: los ha tirado  alguien que habla otra lengua y se encontró todo ese material en un piso alquilado sin poder hacer uso de él. Quizás un ciego repentino que enfadado por no poder leer no lo pensó dos veces y se deshizo de todo para olvidar sus tiempos gloriosos de lector. Ah sí, un familiar resentido contra la literatura por tener que aguantar a un pariente que a fuerza de usarla creció en conocimiento y se hizo caballero andante. Debe haber más hipótesis, pero todas guardan en común denominador decidir que la literatura impresa es basura y es a la basura donde hay que tirarla. A quien lo hizo le bastaría haber volteado la esquina para encontrarse con una librería que vende libros de ocasión en buen estado o acercarse hasta el mercado st Antonio donde tambien los venden a bajo precio o  dejarlo en el vestíbulo de su inmueble para que lo aprovechara otra persona interesada en lecturas en el peor de los casos, dejarlo a recaudo de la lluvia bajo la marquesina de una parada de autobús para que otros se hicieran cargo de ellos, especialmente ahora que se ha puesto de moda el book-crossing. No me entra en la cabeza que alguien los haya depositado sencillamente en el suelo para que se los lleve el basurero. ¿Qué puede haber dentro de una persona que no valore los libros? ¿Quién puede habitar dentro de alguien capaz de esta atrocidad?  Tirar libros en condiciones es para la cultura como malgastar la sangre de reserva en un hospital. Desconozco quien lo ha hecho lo que sí se es que su sesera no ha podido dar nada más de si.  Quizás es que estoy hipervalorando el conocimiento gráfico y tal sujeto instalado ya en la era de la telepatía ha comprobado que todo lo escrito no merece ser leído y por lo tanto no tiene porqué divulgarlo. Es cierto que hay literatura tan mala que merece el olvido pero por lo general quien se ocupa en destruir libros, sean los asaltantes de la biblioteca de Alexandría, la más grande su época o la de Don Quijote por el cura y el barbero con la connivencia de sus familiares, es gente de psicología abyecta, determinada por su ignorancia y su revanchismo y de ideología fanática y dogmática.

Creo que el reglamento de comportamiento ciudadano debería hacer punibles conductas tan destructivas como éstas. Deshacerse de lo todavía útil para los demás es un atentado a la vida. Si lo es destruir stocks de comida útil para que no bajen los precios de mercado, también lo es para otros bienes necesarios como ropa, edificios o cultura.

La Cultura Partera Jesús Ricart

15 de Octubre, 2005, 1:37

Por @ 15 de Octubre, 2005, 1:37 en Biblioselección

El parto de la cultura o la agonía de la religión[1]  de Jorge Ma Rivero San José es un libro muy capitulado que  queda por debajo del título que lo encabeza.  Si las oraciones con un o como disyuntiva en medio tienen el atractivo y el valor de hacer una valoración  entre dos o más opciones se convierten en una bravuconada cuando las razones aducidas para el tal dilema presentado no pasan de enunciados ambiguos cuando no confusos. La confusión viene dada no tanto por el estilo expositivo, de hecho, muy esquemático y sencillo (el libro no pide más de 90 minutos de atención) sino por un  sistema  conjuntivo de los 12 primeros capítulos, dedicados presuntamente a la conceptualización. Estos empiezan todos por cultura y..  donde se hacen desfilar distintos temas: proselitismo, democracia, estado, sexo economía, ecología, violencia, religiosidad, salud y moral.

 La contraposición de antes del título queda confundida por las uniones del capitulado, como si de áreas distintas se tratara. La cultura se expresa en todo esto: en lo sexual, en lo político, también en lo religioso. Y a nuestro pesar, la cultura no es solo una, sino múltivariada. Lo culto es lo tradicional, el modo de expresión de los pueblos, lo cual incluye atrocidades y hábitos contrapuestos desde civilizaciones distintas. El autor presenta dudas sobre el valor en si mismo de la cultura minoritaria por generar animadversión.

No comprende lo que califica de “lenguaje alambicado e ininteligible” de una cierta intelectualidad. Otorga a lo cultural el rol de formar y de informar. Considera que el materialismo y la cultura son antitéticos sin aún definir suficientemente lo uno y lo otro. En todo momento da la sensación que Rivero San José tiene para si mismo muy claro el tipo de cultura en la que piensa, en todo caso la suya, sin expresarla netamente con la transparencia que pide para otros. La cultura no elimina todo aquello que resulta superfluo o estéril, sino que a menudo la cultura es la plataforma sobre la que descansa  un sin fin de artificios con los que entretener superficialmente la existencia, Me temo que para Rivero puede más el  significante de la cultura que el análisis de su verdad social. Se las arregla para citar a Dios, ¿cómo no? y diferenciar entre el amor a lo divino (que me atrevo a llamar teofília)y el sometimiento a la divinidad amada..

Entiende por difusión (de las buenas ideas, por supuesto)como único medio para acelerar el proceso histórico. Esta noción tiene remembranzas del tiempo en que lo revolucionario era concebido como una simple aceleración de la evolución que de todas maneras iba a suceder. Pero ese propagandismo lo separada del proselitismo. Le traslado al autor  esta pregunta: ¿cómo defender una idea o argumento sin pretender instintualmente convencer del mismo y por consiguiente conseguir un adepto para su causa en la persona convencida? No se trata de un proceso orgánico y ni siquiera intencional. La adhesión y propagación de una idea viene dada con la persuasión argumental. La idea de proselitismo es mas orgánica y militante, pero la adopción de ideas está mas interiorizada en la estructura del pensamiento y en las dinámicas de razonamiento. Vale la pena recoger la parte de su crítica al proselitismo en aquello que hace referencia a la renuncia de otros principios para la asunción de unos nuevos. El texto de  Rivera rezuma,  en conjunto, un simulacro del debate estanco de la década de los 70 sobre estos temas sin ninguna originalidad especial digna de mención.

Aunque piensa que nada surge por generación espontánea, como frase predicha o hecha, la cuestión es que no hay reflexión alguna sobre el fenómeno de la espontaneidad como concantenación de factores sutiles. Conviene decir que el impacto de las ideas más que por pretensión directa en la divulgación de una consigna está por la consecuencia derivada de a penetración ténue de conceptos y criterios.

Una de sus tesis principales es que una parte importante de la sociedad ha agotado las vías religiosas y se encuentra sin mensaje.  Influenciado por los ecos del obrerismo cristiano, redefine la cultura como una condición de máxima vastedad que incluye vestir un mono o haber pasado por trabajos serviles.

Tiene un interesante punto de vista a favor de la admisibilidad de las diferencias económicas, pero se resiste a los factores de prohibición que le impidan a una persona ser al máximo ella misma. Sabe que la posibilidad de crear está encerrada en todo sujeto aunque en la práctica sea privilegio de unos especialistas. Como síntesis habla del acceso a la cultura como un desasimiento a los bienes materiales una de las condiciones para el hundimiento del consumismo. La sociedad culta, sostiene, es la que injuria menos a la naturaleza.

Atrapado en su propio esquema expositivo de contraposiciones, no termina de discernir las pluralidades y diferencias internas en los fenómenos culturales.

Aborda la gastronomía y se suma a la idea naturista de que muchas enfermedades tienen su origen en los excesos proteicos.

La segunda parte del libro es sobre la animación cultural y la figura del dinamizador cultural, al que inviste de una función vocacional y voluntaria. Previene contra los animadores profesionales. Ciertamente si el autor ha asistido, personalmente, una generación después a la modificación de los espacios atenísticos posiblemente habrá visto que la cultura forma parte de los campos de negocios como cualquier otra cantera de productos.

Siguiendo su línea idealista ve en el animador y en el artista dos versiones de obreros de la cultura que deben y pueden imbricarse.

Este autor, en este libro inflado de numero de páginas para lo poco que contiene, tiene un interés casi paleontológico para tomarle el pulso a un tipo de mentalidad subyacente en los años postfranquistas. Su excesivo idealismo no le impidió hacer una propuesta para la constitución de un ministerio de cultura (que el querría que fuera un magisterio europeo de la cultura, como si la cultura debiera coordinarse unicentralizadamente,) en el gobierno de Arias Navarro. Como slogan deja la idea clara de que la política tiene que estar al servicio de la cultura y no al revés.



[1] Jorge Ma RIVERO SAN JOSE  a El Parto de la cultura o la agonia de la Religion, Eds de Cámara Madrid 1977.

La inteligencia crepuscular. Jesús Ricart

15 de Octubre, 2005, 1:23

Por @ 15 de Octubre, 2005, 1:23 en Biblioselección

El crepúsculo de los hombres. Historia desconocida de una transición es la traducción que Edaf ha adoptado para el titulo originario La Revolte de la Terre de Satprem. En este caso la traducción adaptada recoge más la esencia de este breve texto que su traducción literal. La revuelta de la tierra no es tanto la proposición del autor como la confirmación del ocaso humano y su transitoriedad en este mundo en el que su narcisismo se halla en bancarrota.  Satprem filtra los elementos clave de su biografía que le llevaron tras la segunda guerra mundial a una época de tinieblas y búsqueda hasta que encontró en el dictum de Sri Aurobindo y  en la obra de Madre un consuelo a su espíritu y una razón de ser a su vida.

Sostiene que la gloria humana está en que es puente de su proceso, no meta. Constituido en eje transicional queda descartado como un fin en sí mismo y, aún más, como un modelo estable a seguir. Coloca al ser humano por encima de sus diferencias étnicas, sus ubicaciones geográficas o sus divisiones fronterizas. No duda en calificar esa superextructura de barbaries.  Impugna la capacidad humana de devorar: desde saberes a carnes    “Nos llenamos de todo ¿pero quien se llena de algo?” El poder por tenerlo todo no proporcionarlo el poder de su goce integral y menos aún de su transformación en saber. El ser humano sigue un proceso objetivo no controlado por sus recursos intelectuales. “La evolución de una especie (cualquiera añado) no se sitúa en lo que piensa de si misma. “[1]Cabe preguntar si esta tesis para el conjunto de las especies se puede constituir en excepción en el caso de la humana. La inteligencia está en su crepusculidad, todavía. El alumbramiento de un nuevo ser parece chocar contra los límites de la inteligencia humana. El hombre está sujeto a sus miserias intelectuales y a sus limitados recursos de su consciente. La muerte, más que la vida parece ser el principal acto evolutivo: “vivimos en la muerte”[2] Para Satprem la definición de las condiciones de la vida en realidad esconde la definición de las condiciones de muerte. La muerte es lo que permite la renovación y la re-gestación.

Coloca en el –399 con la muerte de Sócrates un proceso de fatalidad para Occidente. Es taxativo al hablar del fin del imperio humano en lugar del fin de un determinado imperio geopolítico. Arremete contra lo humano por encima de focalizar al enemigo que lo manipula. Al mismo tiempo reconoce la obstinación de una simple célula y la implacabilidad de su presencia. Se atreve a hablar en nombre propio repudiando el plural literario del nosotros para buscar cobijo. De su experiencia en el horror como prisionero teoriza  la devastación del hombre”  por encima de la prepotencia de los nazis que probó en carne propia y por la que murió en alguna de sus cavernas. Satprem se hizo distinto después de ser pasado por la experiencia de la crueldad. Confirma la inercia destructiva del ser humano que siembra por todas partes.  Deplora las revoluciones que no revolucionan nada y que escenifican las hornadas de hombrecillos cada vez más montruosos con una voracidad insaciable. El objetivo es una transformación total del ser que implica una renovación del cuerpo. Define “un hombre es toda la tierra planteando una pregunta”[3] y “el individuo es toda la especie, no son dos cosas separadas”[4]consciente de la condición humana no se engaña sobre si mismo admitiendo el dolor al averiguar a su enemigo encerrado en su propia piel. Se desmarca del deseo de la inmortalidad sino de la consciencia de hacedor de muerte en transición. El proyecto del “nuevo ser es un peligro para todos. Lo desordena todo.”[5] No da una esperanza de llegada a ninguna parte. Ni siquiera la da para la búsqueda “¿dónde buscar?¿Cómo buscar...en algo que no existe aún?”. Defensor de la evolución cree que “en cada paso evolutivo ha habido alguna clase de moribundo que siguió vivo” su idea del vivir como la muerte que vive lo desembaraza del miedo principal de la angustia. Su tesis principal de futuro lo pone en la consciencia a la cual define como poder. Hasta el punto de que “todo puede ser hecho por la consciencia”. Aunque exagera al  universalizar  que el poder en las cosas prácticas esté en manos de la consciencia .

Libro de interés y de lectura rápida sin demasiada exigencia reflexiva que divulga un inusual punto de vista desfetichizando implícitamente el ejercicio narcisista de la condición humana.

 



[1] Satprem p.23

[2] Satprem p.24

[3] Satprem p.66

[4] p.66

[5] p.71

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