Acuse de Recibo

El tabú del incesto

Por WalkiriaSumionda - 3 de Marzo, 2009, 18:03, Categoría: Acuse de Recibo

En la Vanguardia del 12X05  Silvia Barnett  elige “he leído lo que te hace tu padre”  por titular de una noticia sobre violación presunta: el caso de un padre que presuntamente por 4 años fue a la habitación de su hija desde sus 12 a 16 de edad para hacerle entre 60 y 80 tocamientos, incluyendo una  tentativa de penetración con un consolador.  El hombre  fue denunciado por su esposa y madre de la pequeña y el fiscal pide 16 años para el acusado. Los temas de violación o presunta violación generan más morbo que la violación misma. Leída con lupa la noticia párrafo a párrafo resulta que todos ellos están dedicados a lo que dicen unos y otros y no da referencia a ninguna demostración. Es la palabra de la chica contra la de su padre y al revés. La chica tiene dos aliados, su madre, conviviente del denunciado y su amigo  conocido por chats de internet, el cual le escribió una carta, espiada por la madre, que fue la que levantó la liebre. Son dos personas que se basan por efecto de simpatía encadenada con la versión de la niña. Puede mentir o no. No lo sé. En todo caso la justicia se distingue por el hecho de conocer la presunción de inocencia mientras no se demuestre lo contrario. Evidentemente creer eso es  artículo de fe. En la práctica se juzga y condena constantemente sin pruebas. Y la impronta de los jueces los convierte en adivinos de no más categoría que los echadores callejeros de cartas con mesita y taburete. Es posible que el hombre hiciera esos tocamientos. Leer cuentos o explicar relatos a nuestros hijos mientras les acariciamos el pelo también son tocamientos. Rascar la espalda no lo es menos. Puesto que el contacto epidérmico más ordinario y la sensorialidad más básica corren el riesgo de ser criminalizadas los padres tendrán que acceder a su paternidad con el código penal bajo el brazo. La sociedad ha olvidado que el despertar de la sexualidad no empieza con la mayoría de edad legal. El placer genital empieza prematuramente en la primera infancia.

El caso que nos ocupa por sí mismo es dudoso. El perfil del violador no es el que mantiene una relación de nutrida  exlcusivamente de caricias. Es el despiadado que fuerza, golpea y penetra, incluso desgarrándolo, a otro que no quiere y con furia e insistencia y repetición para satisfacer su demanda sexual. La  pubertad es la edad del cuerpo en transformación que despierta la curiosidad del mismo sujeto y de los adultos que le rodean. Una chica a los 12 años es una media mujer que levanta miradas. La Lolita de Nabokov de la década de los 50  describe una relación de mando de la niña frente al adulto del que se enamora de ella. El terror cultural al incesto viene determinado por un atávico proceso contra las relaciones endogámicas por la gestación de monstruosidades biológicas. La sociedad tendrá que revisar algún día u otro este tema y repensar la introducción sexual de sus hijos a manos de sus padres, es decir de sus adultos más inmediatos, masculinos y femeninos. La hipocresía social  se viene haciendo la progresista al pensar que los temas sexuales han dejado de ser proscritos por poderlos hablar abiertamente en espectáculos, en la escuela y en casa, pero el tabú pervive tan intenso como en otras épocas de oscurantismo.  Los padres suelen cerrar la puerta de los cuartos de baño cuando se duchan y los preadolescentes suelen avergonzarse de sus anatomías desnudas a partir de experimentar cambios fisiológicos y hormonales. El peso de la vergüenza se combina con una actitud de rechazo a compartir ciertos hallazgos corporales.

Supongamos -repito supongamos- que ese padre, con la vida  a estas alturas ya estigmatizada por le proceso judicial en el que es culpable se demuestre o no lo hecho (difícil por otro lado hacerlo sin pruebas de semen en la vagina de la niña), lo único que ha hecho ha sido caricias asexuales y tan solo la fecunda imaginación de la niña ha puesto el resto. Quizás el fiscal que le pide una barbaridad de años (muchos más que los solicitados por asesinato injusto como el crimen más execrable) reconocería  que la situación se presta a la duda, y que tanto la niña afectada como el padre corruptor deberían beneficiarse de ella. La una por mantener en callado algo  tan traumático para ella por tanto tiempo si así lo era y el otro por ser acusado a partir de una confidencia que puede ser perfectamente una invención hábilmente explotada por la madre (la esposa conviviente) que en una nueva versión de Mia Farrow en todo su mezquino affaire con el cineasta W Allen al que el sistema no le pidió perdón pro ser acusado por la paranoia de Mía,  da por válida la confidencia ante la conjetura de ella en lugar de preguntar al denunciado.  El mismo enunciado periodístico es ya de una lesividad enorme. Un hombre juzgado por violar, es una oración que presupone que tal violación ha existido. ¿Qué diría la periodista que lo ha escrito  si estuviera ella referida en las mismas páginas que escribe por algo similar basado tan solo en la denuncia de aun niño de su barrio en su contra por tenerle tirria por otra razón? S. Barnett es un buen pretexto para explorar un modo de hacer periodismo que lejos de sanar las relaciones humanas y dignificar la comunicación mediática, echa fuego a aquella y deslegitima ésta.

Necesitamos saber cosas, no perder el tiempo en transmisión de conjeturas y en titulares sensacionalistas.  Tal como se han puesto las cosas en este país. Basta que hoy en día una mujer diga algo en contra de un hombre para que su palabra vaya a misa y él a la cárcel. Asistir a la abundante casuística pone los pelos de punta aún más que los peores relatos de Lovecraft no ya por la capacidad sanguinaria de convivientes entre ellos sino por la incapacidad del sistema en hacer indagaciones verosímiles de lo sucedido.  La ley de violencia de género es  discriminatoria en relación al hombre y bondadosa en relación a la mujer. Dentro de un tiempo cuando el estado se haya dado cuenta de la cantidad de vidas que ha contribuido a destrozar, de lo cual no nos cabe ninguna duda que lo está haciendo, frenará su  actitud a la vista de una estadística aplastante de jurisprudencia negligente e ilegal. Mientras tanto contribuirá a una sociedad policial en la que los hijos denuncian a los padres y las mujeres utilizan desavenencias conyugales o diferencias de criterio para denunciar a sus cónyuges y sacarles una buena tajada. ¿Es que alguien duda a estas alturas que uno de los negocios más rentables de hoy en día es casarse con un tonto que ponga el patrimonio para luego echarle de casa aludiendo malos tratos?

La relación sexual entre un adulto y un joven tiende a ser mal vista en cualquier situación. La sociedad no perdona ver a señoronas con chicos jóvenes  (¿cómo admitirla en Marguerite Yourcenar  con su amigo de unos 40 años menor que ella viajando cuando ella era anciana u otras relaciones bipersonales que se han zafado del superego social investido de docta moral y desprovisto de la menor ética?). En este caso se hablará de una lady y un gigolo al que le paga por los favores de su juventud. En el caso inverso una chica con un hombre mayor se hablará de perversión de este en contra de aquella.

El titular que trata a Jane Fonda de puta. Sussana Maraselva

Por YASHUAbcn - 15 de Octubre, 2005, 1:23, Categoría: Acuse de Recibo

Todavía a estas alturas hay quien necesita darnos educación sexual y tildarnos a los demás con vocablos de baja estofa por practicar un tipo de actividad sexual que no sea de su complacencia. No puedo por menos que solidarizarme con Jane Fonda a la vez que apunto en mi agenda personal tirarle un huevo podrido al rostro de Josep Pernau, si hay ocasión de encontrármelo en alguna parte, por su artículo Las memorias de la golfa Jane Fonda[1]. Indistintamente de los pecados de juventud que cometiera la actriz, y que pueda reconocer en su reciente  libro de memorias, ha vivido una época histórica en la que se destacó por  compromisos sociales en una cuota bastante mayor que la de no pocos periodistas y tertulianos de los medios, que vienen a arreglarnos el mundo y a decirnos cómo hemos de ser, sin que se impliquen socialmente en lo más mínimo. Lamento que Pernau se deje contaminar por un tipo de argot sensacionalista para atrapar la mirada potencial de lectores en lugar de promocionar una literatura de calidad o cuando menos noticias desembarazadas de calificativos lesivos. Tiene la suerte de que la Fonda no se detendrá para pisar un neo-mosquito como él por su comentario y no lo llevará de las orejas ante un tribunal para que le sancione por su improperio. Los goces de la actriz y su modo de describirse como plurisexual no autorizan a  que periodistas, que no tienen mejores temas de los que hablar, metan en un titular una palabra que para muchos sigue siendo un insulto.

A falta de temas el dominicial de El Periódico pone al final de los artículos de opinión la pregunta junto a un email “¿de qué quieres qué escriba el autor tal ?” Propuesta para Pernau ¿Por qué no escribes de los abusos de autor: abusos de poder por gozar de un espacio público al que no se puede rebatir o acceder, abusos estilísticos, abusos personalistas por hablar de temas privados que retroalimentan el morbo? Quizás este tema sirva para desatascar la falta de iniciativa y para recolocar al periodismo en una función que no sea la del espía por el ojo de la cerradura de las puertas de los demás. Ah, una última cosa: para hablar de alguien hay que documentarse algo más y no solo hacerse eco de la edición de unas memorias. Para hablar de alguien hay que armarse de una mínima dosis de respeto.


[1] Dominical del segundo domingo de mayo de este año.

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