CineAnálisis

La herencia de una madrastra

Por JesusRicartMorera - 8 de Junio, 2006, 11:48, Categoría: CineAnálisis

La herencia de una madrastra

The long shadow dirigida por Vilmos Zsigmond plantea una situación muy interesante: la del amor continuado  de una mujer en el hijo de su compañero difunto. El personaje de Liv Ullmann,  la amante de un antropólogo conocido de origen judío búlgaro que abandonó su país para hacer sus exploraciones en Israel, avisa de la noticia de la muerte de su pareja al hijo de éste, el personaje de Michael York, el cual no viaja hasta su tumba después de terminar el sepelio. Es en el cementerio donde se encuentra con su madrastra con la que no hay inicialmente feeling posible. El chico, actor de teatro famoso, nunca ha tenido contacto con su padre. En toda su vida la única vez que éste trató de contactar con él fue durante el entierro de su madre, a lo cual se negó en rotundo por tratarlo como a un padre muerto. La falta de relación entre ambos queda explicada porque la existencia del hijo fue primero ocultada  y posteriormente impedida por la madre; a pesar de lo cual el resentimiento de éste contra el padre fue en crecimiento. Éste no dejó de seguirle en sus actuaciones públicas como actor célebre pero sólo haría  la tentativa de acercamiento antes citada.

Cuando el hijo trata un reencuentro con la madrastra no puede evitar su desorientación al encontrarla con otro hombre, un cineasta amigo del antropólogo que está preparando un reportaje retrospectivo sobre él. A su resentimiento hay que añadirle ahora una especie de celos inexplícitos. Poco a poco el hijo va interesándose por el padre, por sus fotos y las cosas que hizo y decide visitar a la madrastra en una pequeña casa que tiene en el desierto, donde se ha ido a tras  cederle, en un acto de orgullo herido, la casa del padre a él. Es aquí en el desierto que empieza una aproximación sentimental entre ambos. Incrementada cuando el parecido del chico con el padre es enorme al interpretarlo parcialmente en el reportaje que hace el cineasta sobre él. La relación de ambos se abre paso a pesar de este cineasta que tenía otros planes personales para con la madre. Pasados unos pocos días el actor regresa a su ciudad de trabajo hasta que comprende la nostalgia de ella y decide regresar algo que ella también está pensando y esperando.

La puesta en escena tiene bastantes desajustes en los diálogos y la descripción de la rivalidad con el padre no queda realmente analizada. Es un tema que pone el argumento suficiente para reflexionar sobre esa segunda parte de una historia de amor de una mujer con un hombre tan parecido físicamente al primero que ha perdido pero en el que no quiere entrar. Las trilogías amorosas suelen proporcionar para la cinematografía interesantes pócimas con las que mantener en vilo la expectación. También forman parte de ellas la de dos hombres consanguíneos  con la misma mujer o dos mujeres emparentadas con un mismo hombre, pero no son las más habituales. Un argumento-reto sería el que empieza justo donde ésta película termina: la de construir una relación o la continuidad de ella con el hijo del padre fallecido con quien se estuvo enamorado hasta el último momento. Traslademos por un momento esta evocación a nuestras vidas y pensemos como tomaríamos que nuestros hijos o hijas tuvieran relaciones íntimas con nuestras compañeras o compañeros o pensemos, cómo lo tomamos cuando nuestros hermanos o hermanas nos birlaron novios o flirts en las primeras tentativas adolescentes en estos campos.

Para esta película la herencia de una madrastra es en realidad la herencia del amor concluso por un padre por la ausencia irrevocable de éste. Liv Ullman interpreta su personaje sin necesidad de usar demasiadas palabras y M.York interpreta el suyo sin necesidad de justificar sus reacciones lo cual deja para el espectador que complete la coherencia que le falta a la construcción.

American Beauty,

Por Suso Ricmor - 10 de Mayo, 2006, 16:40, Categoría: CineAnálisis

El fracaso de los valores de la clase media americana. American Beauty, 5 óscars a la mejor película. Dirigida por Sam Mendes. Ironiza la vida americana escarbándola bajo la fantasmada de su belleza aparente. Toma para ello el caso de una familia de clase media alta con ingresos suficientes y buen tren de vida. Una pareja en la que él se siente absolutamente anulado y ella es presentada como una mujer sin demasiados recursos intelectuales. La voz en off de el (Kevin Spacey) va ganando paulatinamente a  la audición. Es un ser que se autodesprecia y cuya existencia discurre sin razón de ningún tipo,  un tipo que en su modo de andar y estar se reconoce al fracasado, al que no se estima, al que se rebaja, al que hace  lo que no le gusta hacer, al que está rodando en el círculo de  la esclavitud de los dineros y los pagos.  Queda perfectamente descrita su situación, en el que es el tercero de a bordo después de su esposa y de su hija en edad de estar enfadada por todo y contra todos, hasta que un día decide acabar con sus valores. Cuelga el trabajo en el que no se identifica consiguiendo 60 mil dólares de indemnización por un chantaje directo contra uno de los jefes por malversar fondos de la empresa  y se va a trabajar en una hamburguesería pidiendo un puesto con la mínima cota de responsabilidad.

Paralelamente sus nuevos vecinos de la casa de enfrente, un militar del cuerpo de marines y su hijo camello de haschís introducen una nueva clase de relación. El personaje de Kevin experimenta con marihuana y se hace amigo del chico  camello. El padre de éste: un homófobo, pero con su homosexualidad latente nunca reconocida, piensa que su hijo es homosexual lo cual no puede tolerar. Este decide irse  de casa proponiendo a la hija del protagonista con la que se ha enrollado  a que lo acompañe. El chico es alguien muy seguro de sí mismo y muy controlado por su padre de mente y conducta militares pero que ha conseguido hacer una  fortuna con el trapicheo del chocolate. Es a la vez alguien despreciado por la chica que va de guapa del centro escolar  y que es amiga de la hija  del protagonista, supuestamente feucha o no rubia y deslumbrante como aquella que va para modelo.

 La historia es un relato de varias historias paralelas: la mujer del personaje de  Kevin se lo monta con el triunfador del negocio del sector de  la inmobiliaria en la que cual ella  trabaja, la hija del personaje de  Kevin vence el dominio de su amiga narcisista que va para supermodelo y se enrolla con el hijo del militar, la amiga engreída trata de ligarse al personaje de  kevin pero fracasa rotundamente  en su aproximación al encontrarla el tan niña e indefensa o poco mujer una vez desnuda, y el marine, sumido en sus contradicciones que escuda con un gran manto de dureza, asesina  por la espalda al personaje de kevin, que lo ha rechazado un rato antes al ser besado por aquel. La mujer del militar es una boba silenciosa que no se atreve a enfrentarse al marido duro y la otra esposa boba juega a amante con el triunfador inmobiliario, vendedor del año, el cual renuncia a ella tan pronto son descubiertos por el marido, el cual tampoco manifiesta ninguna sorpresa. Toda esta  amalgama pone los ingredientes para el desenlace final.

El resultado de la  muerte sería  inexplicable sin conocer toda la locura organizada que relata la película. Cinematográficamente el mejor momento de ella, sin embargo, es las imágenes tomadas con su video doméstico el camello, que va con ella a todas partes grabándolo todo. Es el de la bolsa de plástico flotando movida por el aire junto a una pared y una puerta exhultante de belleza desde su simplicidad. En estos fotogramas posiblemente es donde está encerrado el mensaje de todo. El de la belleza de la sencillez al margen de las complicaciones mundanas  de la gente víctimas de sus códigos mentales. Las dos familias mas retratadas son un autentico fiasco como tales. Y el héroe, el hombre capaz de renunciar a su destino predeterminado por un mundo en el que no cree, es finalmente condenado a muerte por otra cosa que no es al ser confundido como homosexual.

No se trata de una película de suspense sino de la banalización de un acto criminal sin significado. El que mata no sabe ni porqué lo hace y el que muere deja una sonrisa de felicidad en medio de su charco de sangre, quizás porque ya intuía que su nueva elección de vida no era posible en su mundo en el cual sólo podía figurar como obediente y como esclavo.

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